Economía

Luces alarma economía china ante aumento crédito

El endeudamiento privado en China está medrando arriesgadamente. Desde la crisis en dos mil ocho, su economía es considerablemente más dependiente en el crédito.

El endeudamiento privado en China está medrando arriesgadamente y se acerca a niveles realmente preocupantes. Desde la crisis en dos mil ocho, la actividad de su economía ha sido considerablemente más dependiente en el crédito. Hay que rememorar que la tasa de desarrollo de este ha rondado el veinte por ciento , un ritmo considerablemente mayor que el Producto Interior Bruto y que la tendencia precedente. Como consecuencia, la deuda privada total se situó en el doscientos diez por ciento del PIB en el primer trimestre del año vigente y ha marcado de este modo un nuevo récord.

Si hacemos un repaso histórico podemos revisar que aumentos tan pronunciados y gestados en tan corto periodo de tiempo se han resuelto en crisis financieras y/o estancamientos económicos. ¿Va a ser el gigante colorado la salvedad que confirme la regla?

Los analistas más optimistas consideran que la escalada de la deuda refleja un proceso de desarrollo financiero que ha tolerado la canalización del ahorro familiar cara la inversión. Asimismo destacan las grandes reservas de divisas internacionales o bien el bajo endeudamiento público como indicadores auxiliares de la fortaleza china, a los que se podría recurrir en el caso de tensiones financieras.

La visión predominante es más incrédula y es que no es disparatado meditar que la fuerte escalada de la deuda haya potenciado la creación de esenciales desequilibrios. Por servirnos de un ejemplo, se ha observado un boom en el ámbito de la construcción que ha creado un alarmante stock de residencias y un inconveniente de sobrecapacidad industrial.

Atención singular merece la deuda corporativa puesto que al paso que la productividad y las ventajas empresariales se han estropeado, el apalancamiento de las compañías se ha cuadriplicado en los últimos siete años. Como resultado, dicha deuda se ubica en un nivel considerablemente mayor que el del resto de las economías emergentes y su tendencia prosigue en alza.

Los peligros empiezan a materializarse. Los préstamos de incierto cobro se han duplicado desde dos mil catorce y no pocas son las empresas inútiles de hacer en frente de los intereses generados por su deuda con sus beneficios. De hecho, el Fondo Monetario Internacional estima que prácticamente la mitad (2 quintos para ser precisos) de deuda nueva se destina a abonar los intereses de la existente, con lo que los miedos de este organismo sobre el excesivo apalancamiento y la activa alcista están bien fundados.

A la vista de todos estos datos semeja que el interrogante conveniente no es si China padecerá un periodo de desapalancamiento doloroso, sinocuándo se generará y cuál va a ser el alcance del mismo.

A pesar del alto grado de inseguridad podemos asegurar sin miedo a confundirnos que cuanto más se retrasen los ajustes, peores van a ser las consecuencias que estos provoquen. El propósito inmediato ha de ser reducir la dependencia de la actividad económica en el crédito.

Un proceso de reestructuración de semejante magnitud acarrea retos y dificultades más que notables. Particularmente, pese a que las ventajas ulteriores son indiscutibles, en el futuro inmediato podemos aguardar efectos negativos transitorios como caídas en el uso y la producción.

La situación es, por lo menos, frágil. En un país donde la legitimidad del Estado se sostiene en su capacidad para asegurar un ritmo de desarrollo económico extraordinario, semejantes medidas con costos en un corto plazo y beneficios a largo podrían conminar gravemente la estabilidad a nivel político y social.

Sobre el autor

Daniel Ocio

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